Aquí puedes encontrar ese tema que te estaba faltando

Búsqueda personalizada

Cuando conocí a Ángel Lemos de los Reyes


Nacido y muerto en Galicia, este artista se cruzó en mi vida casi casualmente.


Estoy convencido de que era a fines de 1955, en un lugar cercano a la ciudad de Buenos Aires que continúa llamándose "San Antonio de Padua".

Mis abuelos maternos se habían radicado allí, en una casita a la que me invitaron a pasar unas semanas. Tenía yo once años e iba a ser la primera vez que me alejara tanto tiempo de mi hogar en Mar del Plata.

Fueron unos días inolvidables, no solamente por la cascarilla con leche que preparaba mi abuela sino porque en el terreno colindante vivía una prima de mi madre con su esposo y sus hijos. Conocerlos y convivir con ellos esos días dejaron en mí recuerdos imborrables.
Su casa era diferente a todo lo que se podía ver en ese barrio humilde al que no llegaba ni la energía eléctrica suficiente para iluminarse con una lamparita y había que usar faroles a kerosene. Y para un niño como yo eso se convertía en un atractivo adicional.

Pero mi atención se centraba en  mi vecino y por entonces integrante de la familia, lo más parecido a Leonardo da Vinci que pude ver y disfrutar personalmente.

Su nombre era, por entonces, solamente Ángel Lemos. Además de haber decorado el interior de su algo desvencijada vivienda con un techo pintado como la Capilla Sixtina, él había construido un taller de arte al que el sol inundaba a través de su techo muy vidriado.


En ese lugar (que muestra la fotografía) pasé horas y horas aprendiendo un poco a decorar porcelanas, guiado por él y por su hijo mayor, que creo se llamaba Rafael.


Fuera de allí jugaba yo con los menores, Francisco Javier y los mellizos que años después fueron a "probarse" sin éxito en el Celta de Vigo.

Desde aquél Diciembre del 55 hasta hoy, Ángel acompañó mi vida ya que me obsequió un dibujo a pluma que casi siempre estuvo en un lugar destacado de las sucesivas casas que habité.

Como agradecimiento quiero poco a poco desgranar las muchas experiencias que compartí esos días en los que me pareció estar en una especie de Disneylandia. A poco más de un metro de distancia, veo la maravillosa obra de arte que Ángel me regalara y que se luce en un marco labrado que pinté de blanco y orné un poco con una pintura que, sin ser de polvo de oro como la que los Lemos me enseñaron a usar, trata de no desdecir la calidad de la obra.

Por hoy, hasta aquí con mis recuerdos, que se acumulan en tropel intentando volcarse al relato. Irán brotando uno a uno mientras tenga vida.

Pero un cierre adecuado que preveo es que la obra viaje a A Estrada y, como alguna vez desde allí me lo sugirieron, adorne el Ayuntamiento o algún museo. Porque Ángel amó ese pueblo de Pontevedra y ese pueblo lo amó a él.

Te invito a conocer algo más a este hombre mientras ordeno mis ideas para escribir una próxima nota sobre el artista pero, más aún, acerca de un ser humano realmente notable.


Puedes ir viendo:

http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngel_Lemos


Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com
Nota publicada el 15/5/2014

Etiquetas